sábado, 5 de noviembre de 2011

Dos.

Y que no digan que nunca salía a la calle, que por aquel entonces en aquel pequeño pueblo oscuro nadie apenas se veía en los callejones y senderos de Torlettera, y menos en los tiempos donde el mal gobernaba allí. Aunque estos días recientes estaban más tranquilos, nunca se sabía que te encontrarías, y por eso los vecinos de aquel lugar solo salían para cosas muy necesarias. Y aunque precisamente tenía que salir ese día, saldría a una hora en la que el pueblo estaría mas animado. Pasaban las horas, y aunque necesitaba dormir bastante hasta que amaneciera, ella no podía dormir, había tenido un sueño tenebroso, y esa noche no podía pegar ojo. Al cabo de un rato miró el reloj, las 4:35, y aun quedaba mucho tiempo para que el sol saliese, y alumbrase hasta entrar por su ventana. Y después de dar 53 vueltas, y contadas, decidió levantarse a las 5:09. Se tomó un vaso de leche con miel, quedaba poco, otra cosa por la que tenía que salir. Bajó las escaleras, se metió en el servicio que había al lado de la entradita, que tenía un mueble sencillo, con una foto de ella y su madre cuando era pequeña, y aun en el mundo todo iba bien. Se lavó la cara, y se sentó en el sillón de su saloncito, y más tarde alguién llamo a la puerta...

domingo, 30 de octubre de 2011

Uno.

El día se apagaba, la noche amanecía, y el barullo de las calles desaparecía, y aunque aún en los parques gente yacía, cada vez menos eran las que se veían.
Sonaba una música que se oía desde un rincón de un lugar escondido, más allá de su balcón, donde ella esperaba a su amor perdido. Con una rosa en sus manos, palidas como el mármol, mientras el viento mecía sus cabellos oscuros, como aquella noche, y en su rostro se veía, angustía y alegría, por no poderle encontrar, y tener la esperanza, de que algún día le vería. Y alguna vez se reía, y sus labios rosados curvaban una sonrisilla, y sino, cuando nadie la veía, soltaba una lágrima, por sus ojos oliva.
Y aun sin saber, si algún día le encontraría, ella tenía hermosas pesadillas y terribles sueños, donde aun sin avanzar a su amado veía, y sin poderle acariciar, ni ver su rostro celestial, cuando la luz iluminaba su ser mágico, ensangrentado de ira, con sus ropas desgarradas, y mientras él se acercaba, a ella le retenía el amor, y a su vez el miedo imponía a marcharse, pero ella no tenía el valor de moverse, andar, correr, y sus sonrojadas mejillas que se iluminaban a la luz de la luna.

Bienvenidos

Queridos muggles, queridos humanos, queridos seres sin magia, encontrad vuestro mundo en un lugar de fantasía, oscuridad y lúgubres paisajes, en la melancolía de una joven sin alma, sin amor, sin amado, sin sueños, solo, pesadillas.